No hay que ser el alumno más brillante de la clase. Normalmente los alumnos que se sientan al final, son los auténticos emprendedores, los creativos, los que piensan diferente de la media, los que generan trabajo para los que ocupan los primeros asientos del aula, bien cualificados y con alto grado de profesionalidad.
 
Cuando estás formulando una idea de negocio, no hay que centrarse en un único objetivo, hay que buscar distintas alternativas, encontrar varias respuestas a las necesidades de los clientes potenciales.
 
Hay que tener y potenciar la iniciativa, no despreciar ningún proyecto, no decir a ninguna propuesta de negocio que no, si no entra dentro de nuestra especialidad, buscamos dar solución a la demanda con profesionales externos.
 
Todo emerge de escuchar al mercado, mis propios potenciales o reales clientes me indican día a día lo que quieren y cómo lo quieren. Debemos preguntar a los clientes, ésto también supone innovar, dar valor añadido a mi actividad empresarial.
 
Al  emprendedor le mueve una inquietud personal de llevar a cabo un proyecto, de crear algo de la nada. Sacar adelante la iniciativa, se convierte en un reto personal y profesional.